Imagen y Emociones

Soy una emocionada de la vida, ¿y tú?

No es malo ni bueno, simplemente soy yo. Y seguro que en cierto modo tú también eres una emocionada de la vida, y tampoco pasa nada. Ahora lo entenderás.
Te emocionas cada día, cada hora, con cada nuevo descubrimiento o con cada nueva decepción. Es así, sentimos y vivimos. Somos seres emocionales y no lo podemos evitar. Nos guste o no, siempre estamos transmitiendo emociones, sensaciones, vibraciones al fin y al cabo.

De la misma manera, con nuestra imagen exterior expresamos lo que llevamos dentro. ¿Te has fijado que cuando estás más decaída utilizas más ropa suelta, colores oscuros? A mí también me pasa a decir verdad, cuando tengo un mal día o he pasado un mal rato por algo solo me apetece ponerme una capa muy oscura y desaparecer del mundo por un tiempo. ¿Te ha pasado?

Te voy a dar dos trucos para que aproveches esto a tu favor:


Cada mañana cuando elegimos el vestuario con el modo automático activado en realidad estamos imprimiendo cómo nos sentimos ese día en nuestra ropa. ¿Qué significa con el modo automático activado?

Como el piloto automático o la conducción con velocidad crucero, sin pararte a pensar, actuando de forma desconectada de ti misma, con prisas, sin darte un ratito para reflexionar sobre ti y sobre cómo te sientes, qué te apetece hoy.

Lo sé: la casa, el trabajo, la familia, los niños, las obligaciones, los compromisos... Y tú, ¿para cuándo?

Entonces abres el ropero y además de darte pereza, piensas ¿y ahora qué me pongo? Coges las mismas prendas de siempre, las que están más a tu alcance o con las que menos tienes que pensar. ¿Te suena?


Contra este corre corre diario, puedes hacer dos cosas, bueno en realidad tres:

  1. Dejar tu ropa preparada la noche o la tarde anterior, incluso dejar todos tus conjuntos dispuestos en orden en tu armario, dependiendo de tu planning semanal de tareas desde el fin de semana. ¿Eres de la que practica batch cooking? Pues esto es igual, aplicando el mismo concepto a tu armario.
  2. Si el plan anterior no resuena contigo, tengo un plan B para ti: levanta de la cama, haz una pequeña introspección de un par de minutos: ¿Cómo estás, cómo has dormido, qué tareas tienes para hoy? Y sobre todo, ¿Cómo te sientes? Si con este pequeño ejercicio de reflexión previo a coger tu vestuario de hoy descubres que no estás en tu mejor día, que te queda una jornada maratoniana, que no has dormido bien, o que simplemente preferirías quedarte en la cama, escoge de tu armario colores vibrantes, que te suban el ánimo y siempre dentro de tu gama de colores específica, para verte más favorecida.
  3. La tercera cosa que puedes hacer es no hacer nada, y dejar que las emociones se apoderen de tu día sin ejercer nada de control en ellas ni en el mensaje que te envías a ti misma y a los demás. Puede que hoy estés vibrando alto, que aturdas a los demás con tanta energía y que eso no te beneficie en absoluto porque, por ejemplo, el cliente con el que te verás hoy necesite calma y tranquilidad para confiar en ti. O puede que estés desanimada por algo personal y vayas decaída a esa entrevista de trabajo que tanta ilusión te hace, pero que tu vestuario no diga lo mismo de ti y al final la impresión que causes no sea la que querías y no consigas el puesto.

Y tú, ¿qué opción eliges?


Para cualquiera de las dos primeras te puedo ayudar. En la tercera no te estás ayudando a ti misma.


Conecta contigo y con tu Yo más profundo, no dejes a la deriva tus emociones y haz que tu imagen refleje exactamente lo que quieres en cada momento. Nunca sabes en qué instante cambiará tu vida y tienes que estar vestida para ello.









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